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APLAUSOS : O CREES O TE MARCHAS A CASA

O CREES O TE MARCHAS A CASA


Aplausos
O CREES O TE MARCHAS A CASA
Otra semana para creer. Es obligado. O crees o te marchas a casa y si hemos llegado hasta aquí no es para rendirse. Toca estreno, de temporada nada menos. Ya saben que estrenar va de pareja de baile con la ilusión y las devociones. Y qué son si no los toros, ilusión y devoción que cada año hay que renovar por mucho que en unos nos cueste más esfuerzo que en otros. No es este el peor. Hay muchas novedades en los carteles y los anti parecen que tras desgañitarse -¡cuán gritan esos malditos!-andan más aplomados. Como si acusasen un puyazo, algo a lo que no estaban acostumbrados, reculan, pero no conviene confiarse, acabarán metiéndose por cualquier gatera o por debajo de los capotes de las administraciones más sectarias. Sus alentadores les van a presionar para que no se rindan. En ese avance o en ese parón, depende desde la trinchera desde donde se mire, mucho ha tenido que ver la Fundación que les ha puesto la carta de precios de los agravios y los desacatos encima de lo que ellos pensaban que era una barra libre. Pues no lo es, ya se han enterado. Y algo ha tenido que ver el tiempo de campaña electoral en el que andamos metidos, que ha provocado la reflexión o la interesada prudencia de algunos dirigentes que se acojonaron con los sucesos plebiscitarios de Andalucía y más todavía con las posibles consecuencias de ese desvarío contra la caza que se ha producido en Castilla que ha puesto en ascuas al mundo rural del que, no tengan duda, forma parte el toreo. En el campo, en nuestros pueblos está el cordón umbilical de la Tauromaquia con los hombres. Ese es el ámbito donde se entiende como en ninguna otra parte la jerarquía entre los humanos y los animales que, definitivamente, no somos lo mismo, en realidad la homologación es una auténtica aberración; es en el mundo rural donde se tiene más claro que en ninguna otra parte las funciones y utilidades de cada cual, donde se tiene una visión más real de la vida y de la muerte, donde tienen como muy palmario que los pollos no salen de la máquina expendedora, ni las hamburguesas tampoco, ni es bueno que los perros vivan como humanos en un apartamento de setenta metros… y así hasta ese infinito que ha colmado la deriva fanática del animalismo extremo con la prohibición de la caza, y no soy cazador, que ha puesto a media España en pie y ha dividido a la gente de los mismos partidos entre realistas y utópicos, entre tolerantes e intransigentes, entre la gente que practica el respeto y los que andan dando pechugazos y repartiendo descalificaciones a los que no les bailan el agua de su sectarismo. Pero no era ahí donde quería llegar. Esa guerra ya aburre por mucho que no haya que darle la espalda al problema. Es tiempo para que prime la ilusión. Esta misma semana arrancan las Fallas, que no solo es la primera de primera, sino también la más joven de las grandes, la feria que creció y se desarrolló a golpe de realismo en un ejemplo de adaptación social que debe animar a no caer en el inmovilismo: cuando los tiempos, las modas, los hábitos y hasta el bienestar de una ciudad amenazaban la vieja y tradicional Feria de Julio, por cierto nunca fue la feria de San Jaime por mucho que coincidieran en el tiempo, se desarrollaron lo que se conocía como las corridas de Fallas hasta convertirlas en la feria que es en la actualidad. Este año una feria más escaparate que nunca o digamos más tráiler que nunca. Por la arena valenciana van a proyectarse todas las novedades del año, aquí va a comenzar a dilucidarse su futuro, es el sitio ideal para que los emergentes comiencen a reivindicarse donde de verdad hay que hacerlo, porque dejarlo para más adelante siempre tiene sus riesgos y puede comenzar a ser tarde. En ese aspecto Fallas 2019 es una gran feria, justo lo que se reivindica con lógica desde las tribunas periodísticas y los cenáculos más sensibilizados, yo creo que lo que conviene al toreo, que precisa de nuevos valores, pero… el pero está en su relación con la personalidad histórica de cada plaza y en ese aspecto hay una ruptura muy notoria, seguramente demasiado abrupta. Valencia, que siempre fue tierra de acogida a los nuevos valores, que tuvo vocación de plaza lanzadera, no hace falta citar los grandes que salieron catapultados desde la calle Xàtiva, fue ante todo plaza de carteles muy cerrados, amante de las combinaciones más lujosas, detalle que no es bueno ni malo, simplemente es verdad. Para entendernos desde la simplificación, siempre fue más Sevilla que Madrid y este año ha sido mucho más Madrid que Sevilla y ahí radica la duda porque si es verdad que necesitamos nuevos valores no es menos verdad que necesitamos al gran público y a lo mejor se ha podido combinar con más equilibrio una filosofía y otra. Habrá que esperar resultados y por si acaso sería conveniente, imprescindible, que los jóvenes hicieran buena la fórmula. Y si se siente la ilusión de Valencia no se puede olvidar la de Olivenza, otro modelo, otra tierra, otro invento de los buenos, surgido desde la inquietud y la ambición de gente joven que logró convertir la nada en una cita universal con personalidad propia, un estilo basado en la concentración de figuras en este caso, siempre algún evento especial, algún estreno, mucha amabilidad, una ciudad de acogida y dos países unidos. Cada cual es como es. Las últimas horas también han tenido sus sombras en forma de parte médico. Fortes, al que leímos aquí mismo la semana pasada cargado de ilusiones, va a tener que aplazar el inicio de su temporada; De Justo, una de las grandes novedades, anda acelerando plazos para llegar a los primeros compromisos; y Ureña, grande Ureña, pelea con fe para estar a tope en las Fallas, donde eligió reaparecer porque quería que la vuelta fuese con la mayor honra, en una plaza de primera con el toro de primera. Cada cual es cada cual. Suerte a todos.
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